La sensación atmosférica es casi omnipresente, aunque a veces pase desapercibida y sea efímera. Se habla continuamente de atmósferas, se las describe y se las cuestiona cada vez que ciertos efectos invisibles parecen desproporcionados con respecto a sus causas visibles y no son plenamente perceptibles a través de los órganos sensoriales habituales. Este contraste ontológico entre las explicaciones de Gernot Böhme y Hermann Schmitz también alude a una valoración diferente de la estetización de la vida cotidiana: Schmitz la estigmatiza como propaganda engañosa, mientras que Böhme la analiza como el reflejo inevitable de una «teatralización de nuestra vida» más general. La relación entre el perceptor y los tres tipos de atmósferas ya mencionados puede dar lugar a diversas interacciones emocionales. Para hablar legítimamente de sensaciones atmosféricas, en lugar de emociones y sentimientos en general, es necesario referirse a sentimientos que se derraman en un espacio determinado y que se experimentan como provenientes del entorno, subvirtiendo así el introyeccionismo dominante de la cultura.
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