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domingo, 28 de octubre de 2012

Le Roi Danse

Le roi danse español


Cuatro Poemas: Elizabeth Bishop 

 
Lectura de estos días. Ejercicios antilineales. Poemas que se vuelven menos inteligibles cuando se los traduce. Elizabeth Bishop , siempre tan clara, y no por ello tan al grano. Hay algo que no sé si no dice que no cuenta...




CUATRO POEMAS - Elizabeth Bishop


I / Conversación

El tumulto en el corazón
sigue haciendo preguntas.
Y luego se detiene y se compromete a responder
en el mismo tono de voz.
Nadie puede notar la diferencia.

Sin inocencia, estas conversaciones empiezan,
y luego cautivan los sentidos,
como sin quererlo.
Y luego no hay opción,
y luego no hay sentido;

hasta que un nombre
y toda su connotación son lo mismo.



II / Lluvia hacia la mañana

La gran jaula de luz se ha roto en el aire,
liberando, creo, cerca de un millón de pájaros
cuyas salvajes sombras en ascenso no regresarán,
y todos los cables vienen cayendo.
Sin jaula, sin pájaros que espanten; la lluvia
se abrillanta ahora. Es pálida la cara
que probó el rompecabezas de su prisión
y lo resolvió con un beso inesperado,
cuyas pecosas manos, sin sospechar, plantaron.



III/ Mientras alguien telefonea

Desperdiciados, desperdiciados minutos que no pueden ser peores,
minutos de una bárbara condescendencia.
-Mira los abetos desde la ventana del baño,
sus oscuras agujas, adiciones sin propósito
maderadamente cristalizadas, y en donde dos luciérnagas
no hacen más que perderse.
Oir nada que no sea el tren que pasa, que debe pasar, como la tensión;
nada. Y esperar:
quizá incluso ahora el anfitrión de estos minutos
emerge, algún relajado extraño que no condesciende,
la liberación del corazón.
Y mientras las luciérnagas
no logran aún iluminar este árbol de pesadillas
no podrían bien ser ellas sus alegres ojos verdes.



IV / Oh, Aliento

Bajo este amado      y celebrado pecho,
callado, en realidad aburrido      ciegamente venoso,
llora, quizá      vive y deja
vivir, pasa      apuesta,
algo que se mueve      pero invisiblemente,
y con qué clamor      por qué moderado
no entiendo      ni siquiera un murmullo.
(Mira el delgado volar      de nueve pelos negros
cuatro alrededor de uno      cinco el otro pezón,
volando casi intolerablemente      en tu propio aliento.)
Equívoco, pero lo que tenemos en común      está ahí para quedarse,
equivale a      lo que sea que debemos poseer,
algo con lo que quizá yo      pueda regatear
y lograr una paz separada      bajo
dentro      si nunca con.

Un arte

POR ELIZABETH BISHOP
El arte de perder no es difícil de dominar;
tantas cosas parecen llenas con la intención de
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la inquietud
de las llaves perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de dominar.

Luego practique perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y donde se te referías
viajar. Nada de esto será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira! mi pasado, o
siguiente a la última, de tres queridas casas.
El arte de perder no es difícil de dominar.

Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

-A pesar de perderte (la voz risueña, un gesto
Que amo) no han mentido. Es evidente
el arte de perder no es muy difícil de dominar
aunque pueda parecer ( Escriba el!) como desastre.
Elizabeth Bishop, "One Art" de los poemas completos 1926-1979 . Copyright © 1979, 1983 por Alice Helen Methfessel. Reproducido con el permiso de Farrar, Straus & Giroux, LLC. Fuente: Las Poesías Completas 1926-1979 (Farrar, Straus and Giroux, 1983) 

miércoles, 10 de octubre de 2012


De la escritura


Escribir no es contar los recuerdos, los viajes, los amores y los lutos, los sueños y las fantasías propios. La literatura sigue el camino inverso, y se plantea únicamente descubriendo bajo las personas aparentes, la potencia de un impersonal que en modo alguno es una generalidad, sino una singularidad en su expresión más elevada: 

un hombre, 
una mujer, 
un animal, 
un vientre, 
un niño... 
Las dos primeras personas no sirven de condición para la enunciación literaria; la literatura sólo empieza cuando nace en nuestro interior una tercera persona que nos desposee del poder de decir Yo (lo «neutro» de Blanchot).